De la planta baja hasta el cuarto piso se encuentran las veinte habitaciones.

En cada RELLANO, dos sillones de Rietvelt, un sofá de Corbusier, de Marcel breuer, de Franck Lloyd Wright et de Charles Rennie Mackintosh hacen referencia a los arquitectos precursores del movimiento moderno, recordando que este movimiento nació en los comienzos del siglo XX, unos pocos años después de la construcción del edificio que alberga el C2.

Claras y espaciosas, las habitaciones, casi todas diferentes dan confort y finesa en la máxima simplicidad. Nada de decoraciones pesadas, solamente constituidas de madera y Corian blanco, voluntariamente muy bajas para poner en evidencia la altura de los cuartos desprovistos de cielo raso.

Atmósfera serena y calurosa : muros en ladrillo, iluminación elaborada, alfombra sorprendente- creada por Guy Bargin, superpone fotografías de viejos muros y vistas aéreas de Marsella retocadas- ubicando así con justeza el hotel C2 en la ciudad y su historia.

Los pocos muebles fueron elegidos con cuidado entre las creaciones de diseñadores famosos: Antonio Citterio, Patricia Urquiola, los hermanos Campana, Arne Jacobsen, Ron Arad, para citar unos pocos.

En el cuarto piso las dos habitaciones « Exclusive » tienen cada una un balcón soleado con una vista sobre la basílica de Nuestra Señora de La Guardia. Desayunos inolvidables garantizados.

Esas dos habitaciones tienen también cada una, ducha con hammam y un televisor con pantalla plana encastrado sobre la bañera para ir hasta lo máximo de un fin de semana de reposo.

En la planta baja, una sola habitación.

Está diseñada en el impresionante volumen de un salón.

Las rondas de ángeles y pájaros pintadas en el techo, la gran chimenea con su espejo gastado por el tiempo, testigo de su pasado. Para recordarles que Marsella era en aquella época La Puerta del Oriente, una cama gigante con su mosquitero de lianas de los hermanos Campana y un sillón Míster África de Patricia Urquiola los esperan